Sanando con tus acciones

Cada proceso de sanación comienza por lo mismo: Un cambio. Un cambio benéfico para cualquier dimensión de nuestra vida: Externa, del entorno, del cuerpo y sus funciones y actitudes, interna – de las emociones o de la mente.

Desde allí el cambio y la sanación permean a las otras dimensiones y áreas de nuestra vida. En la nota anterior de este blog, Qué es lo que debemos sanar, ya vimos el poder y la relación entre el cuerpo, sus emociones y la mente.

Hablamos sobre los procesos de sanación a través de la meditación: Debemos de generar un cambio, una transformación para que sus beneficios inunden el cuerpo, las emociones y la mente del practicante, y así se manifiesten en su entorno también.

Los cambios requieren de esfuerzo, determinación, atención y disciplina… Nada es fácil. Pero los beneficios traen cambios en la salud física, emocional, mental y en el entorno del practicante, así que por supuesto que valen la pena.

Además, de esta manera, podemos relacionarnos de mejor manera con la vida.

El cuerpo y las acciones

Si quieres usar la puerta del cuerpo para lograr un cambio en tu vida y sanar el sufrimiento, deberás incluir nuevas acciones.

Aunque no estés convencido, no lo entiendas, ni te interese, deberás lograr un cambio en tu actitud.

Lo más fácil es verlo como un entrenamiento. Finalmente, al principio cuando uno empieza a entrenar, nos cuesta trabajo y a pocos les gusta hasta que llegan a un punto cuando los cambios se notan y allí aparece otra motivación.

Lo mismo ocurre con las prácticas que cambian el comportamiento.

Así que confía y practica tus nuevas acciones. Estas darán nacimiento a nueva actitud y esta nueva actitud creará nueva identidad.

¿Qué es lo que debo incluir en mi lista diaria de actos?

Vamos a ver, ¿Qué es importante para todos?… la vida misma, las relaciones, lo que tenemos. Creo que con eso podríamos a grandes rasgos, delinear las áreas importantes de nuestra vida.

Tomando esto en consideración, vamos a tratar de modificar nuestra relación con la vida.

No busques nada importante, no trates hacer nada espectacular, lo que si deberás hacer es ser constante y disciplinado con tus actos. Es decir si decides incluir algo en tu vida, hazlo diariamente. No podrás irte a dormir sin cumplir con tu promesa.

Ejemplo, ser generoso, decir te amo a tu familia, no mentir, etc.

Mi nueva actitud

Respecto a la vida

Debes incluir una nueva actitud que muestre tu respeto hacia la vida. No te pido que dejes de fumar, tomar, comer de manera poco saludable. Tal vez esto sería demasiado agresivo, sobre todo al principio. Pero puedes buscar en tu entorno momentos y situaciones donde aprecies el acto de la vida misma y puedas expresar ese aprecio.

Empieza por algo sencillo. Por ejemplo cambia refresco por vaso de agua (solo una vez pero sé consciente) o toma una copa menos, o fuma un cigarro menos.

Con relación a otros: Preocúpate por la salud de otros, haz algo al respecto, apoya a los mayores de edad, enfermos, niños. Reconoce el valor de la vida misma y el potencial que posee.

Con relación al entorno: Protege la naturaleza, sé ecológico y consciente de los recursos de la naturaleza que usas: agua, aire, tierra, las plantas.

Haz algo por la naturaleza.

Respecto a los demás

También trata de hacer algo por los demás, en especial por tu pareja, tu familia, tus amigos, compañeros, vecinos… conocidos y desconocidos.

Trata de ser generoso con tu cariño, amabilidad, calidez con los demás. A veces basta diciendo “gracias” o  “por favor” – pero hazlo con la intención de agradecer, conecta a la otra persona mientras lo dices. Tus actos, con relación a los demás, deben tener la fuerza de unir, no de separar.

Ser o no ser

Nada de lo que vas a hacer tiene que ser significativo, lo importante es que te des cuenta que lo hiciste con la motivación de respetar la vida, respetar las emociones o el entorno. Que cerraste la llave del agua antes de lo usual, que hoy  no usaste la bolsa de plástico, que hablaste con tu abuela y le mostraste cariño, que saliste a caminar media hora por tu salud. Todo eso, por insignificante que parezca comienza a generar una nueva actitud.

Basta con que hagas una sola cosa al día, pero si terminas el día y te preguntas:

¿Qué hice por apoyar la vida?
¿Qué hice por los demás?
¿Qué hice por mi entorno?
… y no puedes responder nada porque no hiciste nada de manera consciente e intencional, entonces tu día no sirvió de nada y sigues sin el poder de cambiar tu vida y tornar el sufrimiento en la felicidad.

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