Sargazo en tus acciones

Ya sabemos cómo es el efecto destructor del sargazo en la naturaleza – destruye la belleza. Los lugares paradisiacos convierte en feos e inútiles, desalmados – solo recuerdos que no nos aportan nada. El sargazo nos aleja de la belleza y nos quita la oportunidad de sentir el gozo, el placer, bienestar, plenitud, alegría, amor – todas estas son cualidades de un ser humano. Cada una de estas tiene el poder de hacernos más humanos, y sobretodo hacernos felices.

En el artículo Sargazo en la mente demostré que nosotros mismos generamos el sargazo. Llenamos nueva mente con información obsoleta, dañina que no solo no aporta nada – ocupa el espacio que podría estar lleno con cualquier cualidad arriba mencionada.

También vimos, en el artículo Sargazo en tu corazón que hay ciertas mecánicas que desatan las emociones negativas en nosotros mismos. Eso ocurre cuando uno, por mucho tiempo repite los mismos patrones emocionales: por ejemplo el rencor o el sentido de culpa. Estos comienzan a vivir su vida propia en nosotros, como parásitos o como… sargazo.

Mira alrededor

Pero hay más. También nuestros actos pueden volverse sargazo. No solo no aportar nada a la belleza y a la calidad de la vida sino restar, obstruir, tornar la vida gris, triste e inútil.

¿Te das cuenta que las personas alegres cambian de inmediato Lala energía del lugar donde se encuentran? Lo vuelven liviano, agradable. En un momento o lugar denso, oscuro, difícil, un instante de alegría es como un rayo de luz.

Las personas amorosas, generosas, personas seguras de sí mismas emanan alrededor esa energía de calma, plenitud, serenidad, alegría y calidez. Nos gustan las personas así, nos sentimos bien y nos sentimos mejores.

Mírate a ti mismo

¿Y tú?

¿Qué es lo que generas alrededor de ti?

¿Qué es lo que les dejas de ti a los demás?

¿Sargazo o después de verte se vuelven mejores?

¿Sabes qué es lo qu esparces con tus palabras?

¿Qué añades a la vida de los demás?

Porque lo que esparces es lo que está dentro de ti.

Creo que vale la pena comenzar a limpiar las playas del alma y del espíritu.

Cada uno de nosotros, de una u otra manera, compartimos nuestro dolor y sufrimiento. Y está bien hacerlo, si es parte del proceso de sanar. Sin embargo muchas veces lo hacemos por costumbre, para reconfortar que nos sentimos mal o, cuando ya es tarde, porque ya no sabemos sentir otras cosas, más amables.

Este es el sargazo de tus acciones.

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