La práctica de la larga vida

La larga vida

Hace un mes asistí al seminario de Lama Tenzin Wangyal Rinpoche con las enseñanzas de la práctica de la larga vida de la tradición budista Bön.

Desde hace mucho tiempo usaba el mantra de la larga vida, una mantra que tradicionalmente se ofrece a los Maestros pero también a las personas cuya vida está en decadencia. Este sonido purifica los distintos aspectos de la vida y los enaltece. Al parecer la práctica y el mantra de la larga vida sirven para alargar la vida – ¡que más quisiéramos que tener el poder sobre la vida! – pero no es así.

¿De qué se trata entonces en la práctica de la larga vida?

¿Qué podría ser más importante que la longitud de la vida?

Su calidad. El nombre de la deidad de la larga vida en la tradición Bön budista es Tsewang Rikdzin. Tsewang traducido al español significa el poder de la vida. Esto nos sugiere que en la práctica se trata del poder que tiene nuestra vida no de su duración.

Ennoblece tu vida

La capacidad de estar felices, de desarrollar y sostener las cualidades, de crear el bienestar, de ser generosos con uno mismo y con los demás… ese es el poder de la vida. Claro está, en su forma luminosa. Es el poder vital porque puede transformar tu vida, cambiar el karma, y transformar la vida de los demás que estén en conexión contigo.

¿Te has preguntado alguna vez qué es lo que compartes con los demás? ¿Añades algo positivo a sus vidas?

Según las enseñanzas budistas el largo de la vida es ya predeterminado cuando nacemos. Podemos alargarla un poco o acortarla, a través de nuestras acciones – los karmas, pero no podemos sustancialmente cambiar su duración. Pero lo que podemos hacer es empoderarla con las cualidades, defenderla de los demonios de la mente, de las negatividades, dar valor a nuestras palabras, ennoblecer los actos.

Así la vida cambia, adquiere otro valor. Lo precioso de la vida se refleja en nuestros actos y la vida no solo tiene valor pero también el poder.

 

De dónde viene este poder

El poder ya está en nosotros. Todos lo podemos conectar fácilmente, basta acallar la mente e inmediatamente se abre un abanico de experiencias enriquecedoras, muy distintas de las experiencias de la vida cotidiana.

La vida diaria nos desnuda de las cualidades, nos roba la confianza, nos quita la capacidad de amar, nos cierra a los demás, ciega al dolor ajeno, nos quita el gozo y la alegría. A cambio nos dota de rencor, celos y envidia, empodera con el enojo y la soberbia, enloquece con los miedos, angustia y ansiedad. ¿Qué valor tiene la vida cuya visión nace del sufrimiento y se manifiesta a través de nuestros aspectos negativos?

No tenemos costumbre de cultivar lo bueno, conectarnos con ese lado luminoso de la mente donde todo está perfecto, pleno, donde nace el bienestar y la felicidad. Pero sí, tenemos la costumbre de cultivar las preocupaciones y el malestar que reducen el poder de nuestra vida, la reducen. Y si no la reducen en su duración, definitivamente lo hacen en su calidad.

Así que amigos, si quieren hacer la práctica de la larga vida, basta practicar la conexión con uno mismo, más la de la mente tormentosa porque justo es allá donde nace el poder  de la vida.

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