Budismo tibetano se asoma al occidente

Conoce Alexandra David Néel – la primera mujer que tocó el techo del mundo.

Las enseñanzas del budismo tibetano siempre han sido muy herméticas. Entre todo el budismo son las que más tarde han llegado al Occidente. Mientras que el budismo indio y posteriormente budismo de Japón y de lejano Oriente como Sri Lanka, Vietnam, Tailandia  o China, de una u otra manera estaban expuestas a los ojos de los viajeros y se colaban al Occidente a través de  los inmigrantes, el budismo tibetano estaba muy escondido en los Himalayas, en los monasterios y en las cuevas de los eremitas. El cambio se lo debemos a Alexandra David Néel.

Las enseñanzas más elevadas no solamente estaban ocultas para los occidentales pero también sumamente difíciles para alcanzar para los mismos tibetanos. Para alcanzar uno tenía que buscar un maestro que generalmente estaban muy lejos de la vida cotidiana. Así, las enseñanzas del budismo tibetano se volvían herméticas para el Occidente, adicionalmente, el Imperio Británico tenía prohibido y controlado el acceso a Lhasa – capital del Tïbet, como parte de un tratado con Tíbet. Así, nada podía permear desde el Tíbet hacía afuera.

Sin embargo, en el 1924, tras tres años de viajes e innumerables detenciones, Alexandra David-Néel consigue rebasar la frontera tibetana llegando a Lhasa, la capital, cuyo acceso estaba prohibido por el imperio británico. De esta forma, se convirtió en la primera mujer occidental en conseguirlo, aunque para ello tuvo que viajar a lo largo de tres años con falsa identidad y vestida de tibetana.

Alexandra David Néel fue sucesiva o simultáneamente orientalista, cantante de ópera, periodista, exploradora, anarquista, espiritualista, budista y escritora franco-belga. Un mujer de perfil totalmente renacentista, totalmente humanista. 

Es conocida principalmente por su visita a Lhasa (1924), capital del Tíbet, ciudad prohibida a los extranjeros. Escribió más de 30 libros acerca de religiones orientales, filosofía y sus viajes. Sus enseñanzas fueron trasmitidas por sus principales amigos y discípulos: Yondgen y el francés Swami Asuri Kapila (Cesar Della Rosa). Sus obras han sido muy bien documentadas e influyeron en los escritores de la generación de los beatnick como Jack Kerouac y Allen Ginsberg, así como en el filósofo Alan Watts.

Nació en París en 1868, antes de los veinte ya contaba en su curriculum con un libro de ideología anarquista, un viaje en bicicleta a España, Italia y Suiza y estudios en la Sociedad Teosófica con Madame Blavatsky. A los veinticinco ya había viajado a la India y a Túnez. En este país estudió el Corán y practicó la religión islámica.

Conoció al ingeniero ferroviario Philippe Néel, con el que contrajo matrimonio en 1904, pero ella no estaba hecha para el matrimonio y siete años después, cuando tenía cuarenta y tres, hizo las maletas, dejó plantado al ingeniero, y emprendió rumbo a Egipto, y de ahí a Ceilán, India, Sikkim, Nepal y Tíbet.

En 1912, en Kalimpong, se convierte en la primera mujer occidental en ser recibida por el Dalai Lama. En la India conoce al que sería su compañero de aventuras el resto de su vida, el joven tibetano de 14 años Yongden, al que adoptaría años después. Viaja a Corea y Japón, donde tiene como anfitriona a la esposa de D.T. Suzuki. Vive durante dos años en el monasterio chino de Kumbum, cerca de Mongolia, estudiando los manuscritos budistas. Los monjes la consideran una hermana y la llaman lámpara de sabiduría.

Gracias a ella, la sabiduría del Tíbet se ha hecho presente en el Occidente.

Busca más sobre la historia de la meditación aquí, en el apartado de la historia del Bunker de la Mente.

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